Que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse es algo que nadie se atreve a desmentir. Muchas noticias tienen estas palabras en sus titulares, y no es para menos. Hoy mismo escuchaba en RAC1 que la inteligencia artificial podría crear más puestos de trabajo de los que destruye. Y mientras el debate sigue abierto, NVIDIA da un paso adelante, ofreciendo 8 cursos gratuitos para formarnos en este apasionante mundo y gratis.
NVIDIA es una de las empresas más ricas del mundo, con una cotización en bolsa mirando de tú a tú a Apple, y ahora quiere que nos formemos gracias a la inteligencia artificial.
Cursos para todos los niveles
Los cursos abordan diversos aspectos de la IA, desde los conceptos básicos hasta aplicaciones prácticas avanzadas. A continuación, un vistazo a lo que puedes aprender:
- Explicación de la IA generativa
Descubre cómo la IA puede generar contenido a partir de texto y conoce sus retos y aplicaciones.
- Introducción a la IA en Jetson Nano
Aprende a usar el kit de desarrollo NVIDIA Jetson Nano para crear proyectos de visión por computador.
- Construir un cerebro en 10 minutos
Entiende cómo las redes neuronales procesan datos y las matemáticas detrás de las neuronas.
- Creación de aplicaciones de IA de vídeo en Jetson Nano
Domina el análisis inteligente de vídeo con pipelines DeepStream y motores de inferencia.
- Mejora tu LLM con Generación Aumentada de Recuperación (RAG)
Aprende los fundamentos de RAG y cómo optimizar modelos de lenguaje.
- Acelerar flujos de trabajo de ciencia de datos
Descubre cómo aprovechar CPU y GPU para acelerar el procesamiento de datos sin modificar el código.
- Introducción a la IA en centros de datos
Explora los fundamentos del aprendizaje profundo y la arquitectura de GPU para infraestructuras avanzadas.
- Creación de aplicaciones de IA de vídeo
Aprende a anotar secuencias de vídeo mediante redes de detección y clasificación.
Sin duda es una muy buena oportunidad para darle una primera oportunidad a este mundo tan nuevo como la inteligencia artificial y gratis.
Fuente | El Economista